by Mika » Sat Jul 31, 2010 2:53 pm
Radio Muerte para el resto de damas y caballeros que disfrutan de la vida, muerte o de la no muerte, sintonizando en la 66.6 FM. Era el partido de la jornada. Hitler´s Brigade , conducido por el ser de todos los nombres, contra los Condenados del Averno, liderados por Mika. Se enfrentaban segundo contra tercero.
Adolfo estaba resentido con lo que comenzó hace más de 60 años en la gélida Stalingrado y terminó a las puertas de su querida Berlín con su propio hundimiento. Su sueño del Tercer Reich no fraguó tal y como lo había deseado y fingió su muerte para, transformado en un sex symbol, organizar el Cuarto Reich en la Vega Bowl. Aunque quién sabe qué planes danzarán en su cabeza cuando logre un objetivo tan sencillo. Sustituyendo la casaca de su uniforme por un esculpido torso y su rostro de jugador de póker amargado por el estreñimiento perpetuo por un gesto a lo guay, se ha transformado en la imagen de su equipo y ha organizado su nueva brigada. Un conjunto de hombres, bueno, no tan altos como los arios, ni tan atléticos, quizás no tan guapos ni tan pulcramente afeitados. Creo que tampoco destacan por llevar los ojos azules, o tener un coeficiente intelectual elevado. Pero sí son duros y disciplinados, son jodidas rocas andantes. Son los enarios. Todos nos preguntamos que raza querrán exterminar ahora para implantar los estándares enarios.
Nadie conoce la historia real del variopinto grupo de jugadores que ha llegado a constituir el equipo de los Condenados del Averno, ni la de su entrenador. Simplemente surgieron al comienzo de la liga, con un rostro silencioso y una disciplina y confianza que han ido ganando partido a partido, tras unos comienzos dubidativos. Se rumorea que sus almas están encadenadas en el mismo Infierno, y que su destino está ligado de un modo u otro a esta liga.
Hitler´s Brigade ostentaba la vitola de ser probablemente el mejor de la liga, arrasando allá donde iba y dejando a su paso un reguero de sangre y muerte. Varios contrincantes se quedaron en meros aperitivos o comitivas fúnebres. Otros menos afortunados se vieron obligados a abandonar el partido por el negro cauce de desolación que tomaba desde los primeros compases. Sólo los putrefactos convalecientes de los Pestosos Confederados de Mite aguantaron el tipo, con mucho sudor en sus llagas, logrando in extremis un empate. El resto de sus encuentros se contaban con victorias en el peor de los casos.
Condenados del Averno es un equipo sin experiencia, con un entrenador novel en las lides nigrománticas. Su primer encuentro frente a odiosas y sucias ratas fue un desastre. Pero desde entonces no han perdido, y han mezclado las victorias con los empates. Sin embargo, se les puede considerar todavía un conjunto en fase de aprendizaje. No han logrado llegar a su expectativa de almas enviadas al señor del Averno, pero afortunadamente tampoco han sufrido daños graves en sus filas.
Ahora cederemos el micro al mejor jugador de Condenados del Averno, para que nos ofrezca un sucinto relato de los sucedido en el terreno de juego, el zombie con el dorsal número 12, Lete, con su perpetuo Palomano de capturar la bola cuando pasa cerca, o atizar a alguien si no es una bola. Saludos, Lete, ¿ Qué tal has visto a tu equipo desde la difícil perspectiva del campo de batalla?
GGGagrrg, anos, rgar enanos, ihgergerrrr, bolalalalalalla, oirhgr, Mika, gehrgiuergre Jitlerrrsssvrigeidsbfsfisjhr, tochodownsdfgbsf
Gracias por tus constructivas aportaciones Lete. Por favor traigan un nuevo micrófono, limpio. Sustituiremos al susodicho zombie, que esperemos sea mejor en el terreno de juego que fuera de él. Nuestro corresponsal Morgius se encargará del resumen del encuentro.
Hitler´s Brigade saltó al campo mucho antes que los Condenados del Averno, enfrascados en una conversación táctica para ser posteriormente arengados por su capitán. El aura de respeto rodeaba a ambos entrenadores, y bajo el sol ardiente y una ligera brisa, las miradas de los oponentes se encontraron, cargadas de ira. Los 22 jugadores sabían que iba a ser una batalla más que un partido, que iban a sufrir, que iban a ser brutalmente golpeados y pisoteados (los enarios), pero que de circunstancias tan duras siempre emergían los héroes más recordados. Cada jugador puso en su punto de mira a un jugador enemigo. Ocuparon sus posiciones en el terreno de juego lentamente, con solemnidad. Tres cuartas partes de las gradas estaban atestadas de una marabunta de enanos, cada uno con su jarra de cerveza, y la mayoría de ellos, ya en un estado de considereable ebriedad. Los fans de los Condenados, como de costumbre, pocos, pero muy fieles, agrupados en el fondo oeste, aunque entre ellos se podían ver entrenadores de otros equipos de la liga, que con el paso del tiempo fueron acudiendo para disfrutar del encuentro, desde el dirigente de Lacra´s Followers o el de los Reyes de Azeroth, hasta el de las Reinas de la Jungla o los que llegaron más postreramente, Carpinteros de la Morgue o Largas y Peludas. Todos deseaban sangre por ambos bandos, contusionados, mutilados, cadáveres muertos de verdad. Incluso el flamante líder de la liga, el entrenador de los Lacra´s Followers llegó a ofrecer una recompensa por la muerte de algún enario, con los que se enfrentará la próxima jornada.
Uno de los enarios pateó fuertemente la bola, demasiado fuerte para las dimensiones del muñoncito que tienen por extremidad. Los jugadores olvidaron la táctica y los consejos mientras la bola cruzaba el campo, y el cerebro se les tiñó de rojo sangre. Los enarios, confiados en su suprema resistencia, se agruparon unos junto a otros para recibir juntos lo que se les venía encima. Acto seguido la onda expansiva cruzó el campo, y se pudo apreciar en las gradas, cuando las luengas barbas enarias, incluso las de las pocas hembras que se dieron cita en el encuentro, se mecieron al unísono. La violencia se adueñó del campo y las briznas de hierba pronto se convertirían en calvas de tierra. Los Condenados pegaron primero y pegaron con fuerza. La línea de enanos fue pisoteada con crueldad en los primeros turnos. Por detrás, y sin que ninguno de los otros 21 jugadores le prestara atención, Érebo se había echo con la bola y esperaba el momento propicio para iniciar la ofensiva. A los pocos minutos de juego, el gólem Tánatos, ataviado para la ocasión con unas botas de piel de serpiente, se agachó para comprobar qué se había incrustado en su suela, que no le permitía andar con su aplomo habitual, y para su disgusto vio que un repelente enario ocupaba constrito el diminuto rincón de la bota inmediatamente anterior al tacón. Ya vehía el cielo de los enanos ( que está a la altura de los ojos del resto de los mortales), cuando un matasanos enario lo devolvió a la vida, y listo para saltar al campo. Poco a poco fueron cayendo todos los grandes generales del Cuarto Reich. Los matatroll oscilaban desde su posición en pie hacia el aturdimiento. Los blitzer y los barbaslargas volvían a levantarse para caerse de nuevo. En el centro del campo, el duelo con Cratos, el gólem de carne, era épico, pues trataban de mordisquearle los tobillos cuatro enanos, y aunque a veces acudía algún miembro de los Condenados del Averno, el desdeñaba la ayuda, y, con mucho sufrimiento por su parte, trataba de mantenerlos a raya. Poco a poco los enanos iban recuperándose del impacto inicial y reorganizaban sus filas, aunque en el rostro de su entrenador se adivinaba que las cosas no salían como él había previsto. El lobo Garm había puesto entre ceja y ceja nada más y nada menos que al mismísimo Hitler. Saltó hacia él y le hundió sus colmillos. El corazón del ser de muchos nombres se detuvo unos instantes mientras se veía la índole de la sangrante herida que tenía en el pecho. Inconsciente. Respiró aliviado y continuó aguantando el chaparrón. El lugarteniente de Hitler, el otro corredor, que responde al nombre de Himler, sería el siguiente, aunque tuvo más suerte en su duelo particular con el ghoul Caronte, y no abandonó a sus compañeros. Entonces surgió la oportunidad que estaban esperando. A la señal del capitán, abrieron un hueco en el flanco derecho, envolvieron a los enanos, que se quedaron sin contingente despierto en ese lado, Érebo le cedió la bola a Garm, y esté voló hacia la meta, hasta una distancia excesivamente alejada de cualquier enario. Los defensores más cercanos fueron abatidos y controlados. Hasta que el barbalarga recordó sus clases de tango y comenzó a esquivar entre las zonas de sus dos oponentes, para después abandonar la zona de otro y esprintar hacia Garm, con la armadura saltando de su cuerpo como la de Forrest Gump corriendo con todo el poder de sus piernas. No obstante se despertó de su sueño al estamparse en el suelo de tanto correr. Volvió a dormir unos instantes. Los condenados subieron el primer touchdown al marcador.
Los enarios tuvieron tiempo para igualar en las postrimerías del primer tiempo, pero hubo desacuerdos entre los dos grandes generales Hitler y Himler, quizás acerca del papel de ambos en las duchas después del encuentro, o quizás recordando aquellos maravillosos años del 39 al 42. Fuera lo que fuese no lograron hacerse con el balón. Avispados, los lobos Garm y Cerbero se adentraron en las filas enemigas, aporrearon a Hitler y se situaron al lado de la bola, prontos para amenazar con la posibilidad de un segundo touchdown. Los enarios recularon e hicieron de ambos cánidos una piñata, de la que sólo saltaban pulgas y quejidos. Impotentes, vieron a los lobos en el suelo y no pudieron evitar patearles el cráneo cuando el árbitro no miraba, afortunadamente sin consecuencias funestas. No obstante, los Condenados cubrieron muy bien al único enario que podría empatar tras una jugada milagrosa, y así terminó la primera mitad, con un 0-1 para los Condenados.
Comenzaba la segunda parte y her Comandant decidía hacer uso de la nueva máquina llegada de las intensas investigaciones del frente de hace 60 años: El tacatá de la muerte. Era escalofriante. Justo delante de los piececitos del enario ajusticiado a conducir el tacatá de la muerte, habían acoplado un rodillo de los que utilizan los enarios de plancha para alisar veinte de sus largas barbas repletas de parásitos a la vez antes de un evento importante. En que en el campo de batalla tenía la cruel tarea de aplastar los juanetes de los pies de los oponentes. Para colmo, había un par de compartimentos llenos de piedras para aumentar el peso del perverso juguete. Detrás, un diminuto y cómico estandarte torcido rezaba: Tiger 1E. Combinando la potencia motriz de los dos piececitos del motor picapiedra con algún empujón de sus compatriotas y el enorme peso del armatoste, la máquina podía llegar a ser imparable, destrozando implacablemente los pies de sus rivales, que se veían incapacitados para seguir jugando. Era una táctica ruin, pero hemos de reconocer que bastante ingeniosa para una de esas pequeñas mentes.
Hitler hizo instalar un púlpito en el vestuario durante el descanso, y desde ahí, repeinado, se dirigió a sus once fieles seguidores. Les arengó somo sólo el sabía hacerlo. Los rostros abatidos se transformaron en rostros ceñudos deseosos de cumplir su deber. Después corren rumores de que les sirvió un estupefaciente similar al que emplearon las ratas de Largas y Peludas en el segundo tiempo de la segunda jornada, que les transformaría en diminutas máquinas de matar.
Recibieron los enarios en la segunda mitad y acto seguido y de forma perfectamente organizada, adoptaron la sencilla y efectiva táctica de la caja. Esta vez hay poco que comentar de la segunda parte. Se podría aplicar el símil del rodillo. Los enarios encajados avanzaron poco a poco, con el objetivo de no ceder más que un empate y anotar al final, y mientras tanto cerraban los huecos y golpeaban siempre que podían. A pesar de que la caja no siempre fue perfecta, ya que permitió a dos zombies penetrar en su interior y golpear salvajamente al custodio de la bola, el poderoso corredor enano (corredor y enano juntos es algo que siempre me ha parecido un sinsentido) retuvo el preciado tesoro al lado de su axila. El tacatá de la muerte había creado tanta expectativa, que cuando el enario, con cara de chaval con zapatos nuevos se dedicó a pasearse con ella y golpear a todo lo que se movía con la fuerza de un cochecito de pinipon, el pestoso ser de todos los nombres no pudo ocultar su frustración. No obstante el resto del equipo si había afilado los puños, y esta vez golpearon más fuerte que los Condenados. Continuamente enviaban no muertos hacia el banquillo, sumidos en la inconsciencia, y no importaba tampoco la posición que ocupaban. Se repetía la historia de la jornada anterior, y cada vez era más inevitable frenar su avance y evitar el empate. Incluso lograron dejar a un lobo a las puertas de la muerte, aunque decidió con la ayuda de la regeneración, volver para vengarse otro día. El líder enario, como todos los psicópatas con delirios de grandeza, siempre consideraba que era menos de lo que merecía, y maldecía su desdichada suerte al poder sacar del campo sólo a dos rivales por turno.
A la tercera va la vencida y , con sólo cuatro compañeros en el campo, el tumulario Plutón logró placar con inusitada violencia a Hitler, como si cargara con el remordimiento de todos los judíos del mundo, y le lanzó a varios metros de distancia, cayendo como un trapo. Todos los enarios se giraron hacia el desdichado, profiriendo juramentos y apelando a su orgullo y libro de agravios. Entonces el pestoso ser de todos los nombres conjuró un sortilegio que nos dejó de piedra. Algunos de los entrenadores presentes decían que tenía la costumbre de hacerlo una vez por partido y que era implacable. Yo no creía en esoterismos. Rezó sobre los pezones de Hitler, calentando los instrumentos de la suerte, los instrumentos de la muerte. El golpé cayó sobre el desdichado no muerto, y le volvió a matar. O más bien, le hubiera matado si hubiera sido una persona normal. No obstante logró regenerar la terrible herida rezumante de sangre. Hitler volvió a levantarse como si nada y le cedió la gloria de anotar el touchdown del empate a su lugarteniente Himler, instantes antes de que el árbitro, que había pasado desapercibido durante todo el encuentro pitara el final del mismo.
Resultado final: Hitler´s Brigade 1 - 1 Condenados del Averno
Un resultado justo, con una parte dominada por cada uno de los equipos, y un ambiente de alegría y jolgorio en las gradas, con numerosos entrenadores aplaudiendo cada enario que caía, y saltando de alegría cada vez que se dirigían contusionados al banquillo.